El silencio me carcomía la cabeza, estuve en silencio por semanas pensando la idea de que fuese real, de que no quería que lo fuese. Me imagine diciéndolo, me imagine contándole a mi viejo y eso me asustaba más que la idea en sí. Me imagine como iba a cambiar mi vida, pero por el momento era sólo eso, una idea, una posibilidad, un cambio, una vuelta a todo mi mundo.
No quería pensar más, me distraía con todo lo que estuviese a mi alcance pero él siempre traía el tema de vuelta, haciéndome sentir mal por no "tener los pies en la Tierra". Cuando en realidad nunca los moví de ahí. Se asustaba y me aterraba a mi, quería que reaccione, cuando nunca estuve más consciente y al tanto de la situación. No lo quería enfrentar, no estaba lista. Me sentía abrumada y más sola que nunca.
Resulto que ya no lo estaba, que ya no era sólo yo. Seguía sin emocionarme, por más egoísta y cruel que suene. Fue mucho de una sola vez, como varios shocks de tequila juntos, sin respirar. El efecto era parecido, pero sin nada de alcohol.
Ese día sabía que tenía que tener una respuesta, ya no se podía postergar más y él estaba que se moría por saber o me mataba a mi, una de dos. Lo hice esperar lo más que pude, porque aún estando abrazada a él, mientras me decía que no llorara, que iba a estar todo bien, estaba muerta de miedo. Pero me arme de valor y baje a la hora más inoportuna mientras me esperaba afuera. Perdí la noción del tiempo en ese baño, no se cuanto paso, pero se me hizo eterno.
La respuesta estaba ahí, latente, palpable ante mis ojos. Dos rayitas, positivo. Me sentí en una película yankee berreta, casi que me causo gracia o un poco, ahora. Salí, lo mire, le dije que si con la cabeza y subí por las escaleras con una urgencia necesaria ya que mitad de su familia estaba ahí, enterándose a la par mía. Todavía se esta riendo de mi reacción.
Subió, me abrazo, estuvimos así, sin decir nada un rato largo y yo no volví a llorar. Rompió el silencio diciéndome: — Quiero que sea una nena — Yo también.
Nos reímos. Pero todavía tenía que volver a casa y eso me asustaba más que el no saber.
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