Hoy te escribo a vos para no olvidarte,
para pasar por acá y releer(te) en estas líneas. Todo lo poco, pero
lindo que me dejaste. Antes de vos no hubo nadie, ninguno del genero
masculino que se me acercase y en el cual confiara para contarle cosas
que no sabían ni los más allegados. Me enseñaste a dejar la desconfianza
a un lado, porque te leía tan transparente que parecía que podía verte
de verdad.
Ahora que ya no tengo
forma de saber de vos pienso mucho en como estás, deseo desde lo más
profundo de mi atolondrado corazón que estés de lo mejor, como te
mereces y sonriendo, por sobre todas las cosas. Ojalá hallas encontrado
eso que le faltaba a tu vida para volver a ser ese ser con el cual supe
congeniar desde él primer momento. Quien que me aconcejaba y arrancaba
una sonrisa pese a cualquier lágrima derramada. Gracias por esas charlas renovadoras, por los miles de abrazos que de alguna forma me llegaban y me
hacían sentir mejor. Pero sobre todo por dejarme ser tu amiga, por
mostrarme una versión distinta y mejorada de mi, por destacar mis
virtudes ante todos mis defectos. Gracias por confiar.
Si
la vida nos vuelve a cruzar alguna vez ¡Bienvenido sea! Te voy a
recibir con los brazos abiertos y un reclamo de la puta madre por
perderte tanto, por desaparecer así de mi vida. Y si no sucede, igual
estoy contenta de haberme cruzado a un tipo con una grandeza y una humildad como la tuya, pocas veces antes vista en personas de tu edad. Aunque fue corto
el tiempo el cariño es y será inmenso, como vos.
Te quiero hasta que Plutón vuelva a considerarse un planeta y no un planetoide ¿Estás sonriendo ahora? Espero que si. Buena suerte en todo y hasta luego.
Tu amiga siempre I.
1 comentario:
Cuando un amigo se va, deja un espacio vacío (?)
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