Despedirse. Poco a poco, pero despedirse al fin. Despedirse es en cierta forma ir soltando pedazos, pedacitos de uno, pequeños trozos que nos acompañan y nos van formando. No había imaginado que podía ser tan difícil, que despedirse es un poco como dejarse ir.
Me vengo despidiendo hace muchos meses, desde cosas insulsas a hechos importantes. Pierdo el derecho a reclamar porque ya no estoy, porque ya no puedo estar como estuve siempre. Me molesta, pero soy sólo una simple humana que no aprendió ni puede dividirse en dos. Voy atesorando, cada momento de risa y de bromas en un día normal como cualquiera. El tentarse hasta que duela la panza, estés roja como un tomate y no te importe perder la cordura. Lo que más voy a extrañar es esa sensación tan particular de sentirme en casa. De la cotidianidad a la que estoy acostumbrada, de romper el cascarón finalmente y dejar mi niñez, o parte de ella en la casa que justamente, me vio crecer. Es duro partir y dejar cosas atrás, saber que no voy a estar para saludarlos a las doce en fechas importantes. Que voy a tener que elegir y hacer malabares para estar con mi familia y a la vez con la de él. Que por más que me aprecien y viceversa, su familia no va a ocupar el lugar de mi familia. Que voy a estar lejos, de todo lo que conozco desde siempre, que sí, un poco a eso le llaman crecer. Tengo que aprender a contar con una sola persona cuando siempre conté con cuatro soldaditos a mi lado, cinco, porqué mi vieja vale por dos y me quedo corta. Me pongo dramática y teatral exagerando a cada minuto cualquier detalle pero después pienso que esta bien, es mi manera de hacer el duelo, que sino no podría irme. Me me estoy preparando como puedo para poder, en fin, bancarmela sola. En un lugar que ni conozco ni me conoce, que no siento mío pero tengo que hacer que lo sea por esta bebé que esta por llegar y porque es lo que elegí junto a quien camina conmigo a partir de ahora.
Tengo millones de sentimientos encontrados pero a fin de cuentas a casa se encuentra el camino de regreso, aún con los ojos cerrados o en los recuerdos y siempre, pero siempre te esperan a cenar.
Tengo millones de sentimientos encontrados pero a fin de cuentas a casa se encuentra el camino de regreso, aún con los ojos cerrados o en los recuerdos y siempre, pero siempre te esperan a cenar.
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