Me refugió entre tantas cosas y me camuflo con tantas otras que hasta a mi me cuesta encontrar la versión original. Me volví un poco ácida con los cambios de estaciones y perdí un poco de esa inocencia que me solían halagar. Soy más consciente e incluso más sensible, pero como quien dice, sólo de puertas para adentro. Para los terrícolas yo vivo trepada a la palmera, en mi propio universo, con los pies colgando, sin tocar el suelo. Piensan que poseo el increíble don de no notar todo lo que pasa alrededor. Y a esta altura no tengo ganas de demostrar que están equivocados, que todo lo que pasa, me toca y me quema. Me desarma, pero aprendí, tuve que aprender a juntar los pedazos porque nadie más que yo podía. Siento que nadie nunca va a poder, porque tendría que dejarlos entrar primero, bajar todas las barreras para desnudar el alma ante alguien a quien de verdad quiero. Y nunca pude, entonces empecé a creer que nunca quise a nadie o nunca me importo demasiado como para intentarlo, hasta ahora.
Tenía ganas de que él conozca el trasfondo de la caja de Pandora para que entienda porque soy como soy y todo lo que puedo ser. Tenía ganas de despertarme un día y que me quisiese en su cama por algo más que mero placer. Las ganas están, pero al despertar el cuento siempre es otro, ya no puedo jugar con mi cabeza cuando es el corazón el que se enreda.
Con el pasar de lo años y con un par de tragos encima, un día, seguro te cuente cuanto te quise, por el momento todavía lo hago.

1 comentario:
que lindo querida!! me veo mucho en tus palabras. te felicito :) besitus
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