Le gustaba doblar las rodillas y acomodar su mejilla en ellas. Se quedaba a mirar a lo lejos, esperando que alguien la viera. Que vieran lo tierno y triste de su mirada. Ella no lo sabía, pero podía transmitir tantas cosas con un mirada, que no había necesidad de hablar. No tanto No como ella creía. Nada era como ella creía, similitudes aparecían cuando ponía en palabras lo que quería decir, no podía entender su propia alma, lo que tenía que contar a través de ella. De nada sirve tanta tristeza se dijo, siempre por mas mínima, minúscula y opaca que parezca. La luz esta, presente, en ella. (aunque hay tiempos que se apaga, no lo hace por completo). Tiene un interruptor interno que la vuelve a encender, que hace que brille de sobremanera y sobresalgan las virtudes dejando los defectos un poco lejos, un poco detrás. Y la tristeza se empaña por un lapso oportuno de fieles sonrisas que puede devolver. Sin notar, solo por que se lo contaron... que esa luz,esa locura que le aflora la llena de vida y contagia a quienes la rodean.
Y eso le basta, le basta para tratar y no dejar de tratar... de no apagarse mas.
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